Córdoba, una ciudad nerviosa

5 Sep 2017
Cristina Santamarina
Algunos decían que no duraría. Pero me quedo aquí a acordobesarme, a seguir levantando piedras.

Córdoba es tierra de plata, aceite y vino. Es tierra de calor, de calles vacías y de oficinas cerradas en agosto. Córdoba, con sus flores, invita a metáforas de jardín. ¿Sabes cuando levantas una piedra, de esas grandes, y sale toda una colonia de hormigas agitadas? Pues eso. Que no te fíes de la calma. Que debajo de las piedras y los pasos y las casetas pasan cosas. Que hay gente que hace, hace y hace. Que los hay que ni paran. Y, cuidado, se pega.

En Córdoba se hace vino, pero también hay varios valientes que se han lanzado a hacer cerveza. Y parece que funciona. La joyería ya no hace rico a nadie por aquí, pero algunas startups como Genially, Voluteon o Audiense están levantando rondas sin moverse de la ciudad. Otras como Transeop o Fontown quieren seguirles los pasos. No sólo hay empresas locales. Reply, Fonoma y Revolico son ejemplos de empresas extranjeras que tienen aquí a parte de su plantilla.

¿Y después de trabajo? ¿Hay vida pasadas las siete de la tarde? De comer y beber ya sabrás que sí. Pero hay más. En Córdoba tenemos GDG, Rails Girls, HackandBeers (que nació aquí, por cierto), Startup Weekend, Devs & Dungeons, Betabeers… Qué digo Betabeers, ¡tenemos Tecnotapas! Nada que envidiar a Berlín.

Aquí un café te cuesta la mitad pero a veces te llevas el doble. Es más fácil encontrar personas especiales en una ciudad como San Francisco, pero los especiales de aquí están hechos de una pasta única.

Mi mudanza a Córdoba la hice después de pensar y hacer listas y posponer, no como las anteriores a Berlín, Praga o Conakry. Sabía que tenía que ajustar mis expectativas, pero al venir ilusionada no me sonaba a problema. Algunos decían que no duraría: que el aburrimiento o el calor me harían huir de vuelta a Berlín o a mi Madrid natal. Que en cuanto acabara mayo y con él las fiestas me iría. Que el calor se hace cuesta arriba cuando no hay jaleo. Que para saberlo hay que vivirlo. Que además, con este aburrimiento…

¿Qué aburrimiento? No me voy, sino todo lo contrario. Me quedo a hacer y a acordobesarme. Me quedo en Córdoba a seguir levantando piedras. A lo mejor, a ti que estás fuera, te sirve mi historia, ves las hormigas nerviosas que has dejado aquí y te animas a volver. O a venir. 

N. del E.: Si queréis conocer más sobre los interesantes proyectos que desarrolla Cristina Santamarina, podéis ver este vídeo:

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