El periódico alemán más prestigioso publica un reportaje sobre retorno de talento a España

24 Feb 2017
Raúl Gil
Por primera vez, en muchos años, llegan menos españoles a Alemania de los que vuelven a casa

El Süddeutsche Zeitung es el periódico más prestigioso de Alemania y el segundo más leído tras el sensacionalista BILD. Uno de sus periodistas estrella, Sebastian Schoepp, vino a Madrid a entrevistarnos para escribir un amplio reportaje sobre el retorno de talento a España. En la charla con Sebastian, que duró cerca de tres horas, repasamos nuestra experiencia migratoria, asimilable a la de miles de compatriotas, y pusimos el acento en el retorno a casa. Le explicamos las dificultades que se encuentran los españoles que desean volver, repitiendo algunos de los mantras que nos acompañan desde el lanzamiento de Volvemos: "el talento no va a volver a cualquier precio" o "la vuelta de los profesionales que tuvieron que irse traerá cambios sociales, económicos y culturales muy positivos para el país." Nuestra aparición en el SZ ha tenido muchísima repercusión y le hemos pedido a José Luis Bravo, emigrante español en Berlín desde hace más de diez años, que nos tradujese el artículo para que todos podáis leerlo. 

Lo que se cuenta en el periódico más importante de Alemania es un alegato en favor de nuestra forma de vida, de la marca España, y de la voluntad de muchos emigrantes de volver a casa, a pesar de todo. Es el fruto de un año de trabajo resignificando el concepto emigración, reduciendo sus connotaciones negativas y potenciando los elementos positivos, construyendo un nuevo relato en el que la experiencia en el extranjero representa, por encima de todo, una mejora a nivel personal y profesional. Es también el reconocimiento evidente de que el país no puede salir adelante sin el talento de los profesionales que han emigrado. Que desde Alemania sepan verlo tan claro nos debe hacer reflexionar. A nosotros nos anima a seguir trabajando con administraciones, empresas y profesionales, para hacer posible la vuelta a casa. 

Reportaje de Sebastian Schoepp para el Süddeutsche Zeitung, traducido al castellano por José Luis Bravo: 

Cuando Diego Ruiz del Árbol habla español, gesticula ostentosamente con las manos y sus frases martillean la conversación de tal modo que se hace difícil interrumpirle para hacerle una pregunta. En cambio, cuando cambia al alemán, sus manos se aposentan pacíficamente sobre sus muslos, se expresa de forma prudente y pausada y su mirada se torna reflexiva. En ese momento es como si fuera otra persona. Diego Ruiz del Árbol ha vivido diez años en Berlín y llevó su estancia hasta el punto que el mismo califica como de plena integración: “Cuando le tienes que explicar al mecánico de Lichtenberg (barrio periférico) qué problema tiene tu coche y eres capaz de entender al menos el 70% de sus respuestas.”

Se podría decir que Diego fue lo que se conoce como un Berliner. Fundó su propia empresa informática al mismo tiempo que gestionaba el blog Berlunes, cuya función era facilitar la adaptación a los españoles recién llegados ofreciendo información acerca de trabajos u otros datos útiles. Se puede decir que él disfrutó su paso por la ciudad: “Cuando llegas a Berlín, desde que te bajas del avión puedes sentir la libertad”, afirma Diego. Otros tal vez no lo vean de esta manera, pero Diego Ruiz del Árbol así lo percibía. Pese a todo, en septiembre decidió cambiar las amplias avenidas de Berlín por las estrechas calles de Madrid. Una ciudad que por un lado ofrece muchos bares “pero en la que también la gente se pasa el día hablando mal de los demás”, dice Diego. Una ciudad laboralmente anclada en el funcionariado y en el que las relaciones sociales se basan fundamentalmente en el entorno familiar.

¿Por qué ha decidido entonces volver? ¿Debido al auge económico del que habla el Presidente Mariano Rajoy?

“No conozco a nadie que retorne por este motivo”, dice Diego. No, el motivo principal tiene que ver con el corazón y con el sentimiento de pertenencia. También con el país natal y con la nostalgia de un país que, de manera milagrosa, funciona a pesar de que según la UE nunca haya funcionado. Un país que ha superado diez años de crisis sin levantamientos populares y casi un año de desgobierno. Un país en el que durante este periodo no ha existido el auge de la extrema derecha populista y en el que se han producido menos disturbios de tipo xenófobo que en el resto de países europeos. Un país en el que el pasado fin de semana cientos de manifestantes salieron a la calle para pedir que se acogieran a más refugiados. Tiene que ver también con una lengua y una manera de hablar en la que uno pueda gesticular tanto como desee. Pero el motivo principal está sin duda relacionado con el concepto de familia y su significado, en el que en España se sitúa por encima de todo, incluso por encima de la libertad o el éxito individual.

El entorno familiar abarca 50 personas. Un sinfín de posibilidades para el cuidado de los niños

“Mis hijos tienen el derecho de crecer cerca de sus abuelos”, dice Diego Ruiz del Árbol. Por ello decidió volver para casa. ¿Y el individualismo alemán? “Te lo regalo, prefiero el colectivismo español.” Su círculo familiar en Madrid abarca unas 50 o 60 personas, un amplio abanico de posibilidades para cuidar de los niños, para chismosear pero que sobre todo proporciona un sentimiento de seguridad, confianza y cercanía que España ha transmitido durante todas las crisis.

Solo cuando se tiene conciencia del valor de la familia en España, se es capaz de entender el esfuerzo que han tenido que hacer los 700.000 españoles entre 24 y 34 que se vieron obligados a emigrar durante la crisis. La mayoría siguieron la llamada de Angela Merkel: “Alemania necesita ingenieros”. La mayoría se integró sin problemas. Pero, después de siete, ocho años se topa uno contra un “techo de cristal” que, profesionalmente hablando, es imposible traspasar. O al menos imposible para los españoles, afirma Diego. Del resto se ocuparon las tendencias hostiles hacia los extranjeros surgidas principalmente en Inglaterra tras el Brexit. En 2016 retornaron más españoles de los que se marcharon durante el periodo de crisis. Volver, es ahora un término de moda que se extiende por las redes sociales.

Para Diego Ruiz del Árbol no ha sido tan difícil ya que puede dirigir su empresa informática en Madrid del mismo modo que lo hacía en Berlín. La ventaja de vivir en la era digital y en la Unión Europea. Paralelamente, gestiona junto a Raúl Gil (otro exiliado berlinés) una asociación que tiene como propósito la reintegración de emigrantes que deseen retornar. La asociación se llama Volvemos. ¿Qué nombre mejor que éste?

Volvemos cuenta actualmente con 5800 perfiles laborales. Todos ellos ordenados según países y sectores profesionales. Diego Ruiz del Árbol ve en este proyecto una tarea social. Piensa que los retornados, con la experiencia adquirida durante su estancia en el exterior, son precisamente la mano de obra que el país necesita en estos momentos para romper con las rígidas estructuras que llevaron al país a la crisis.

Ésta es aun perceptible en el barrio obrero cerca de la Calle Embajadores, lugar donde Diego Ruiz del Árbol tiene su puesto de trabajo. Realmente, Volvemos no es otra cosa que un escritorio en un Coworking de gente emprendedora. Uno de cada tres negocios de esta calle está vacío. El bar de enfrente ofrece cinco tapas gigantes inclusive bebida por diez euros y en la peluquería de al lado se ofrece un corte de pelo por solo nueve euros. Precios de crisis en una zona en la que viven principalmente madrileños de clase media.

El centro de Madrid (como el de casi todas las grandes ciudades españolas) se ha convertido en territorio para Airbnb. Escenarios para turistas que, aunque todavía no llegan a los disparatados precios de Paris o Londres, sí superan notablemente los de Berlín. ¿Pisos de alquiler? Ya no quedan casi en España. ¿Comprar? Imposible. Diego Ruiz del Árbol tiene un piso comprado en Berlín, pero en Madrid vive junto a su familia en un piso propiedad de sus padres. Típico en España.

“La manada”, como Diego se refiere al entorno familiar, ha sido la causa emocional que hizo posible su retorno. La vuelta se hace más fácil cuando hay un lugar fiable donde retornar. “Lo que en Alemania significa el Hartz IV (ayuda social) para nosotros es la familia”, afirma Diego Ruiz del Árbol. En tiempos de crisis la familia ha sabido suplir las carencias del sistema social provocadas por los recortes. Aquellos que perdieron una vivienda durante la crisis inmobiliaria encontraron cobijo en casa de algún familiar incluso durante años.

Cuando uno se pregunta por qué en España no ha habido ningún levantamiento popular a pesar de las penurias pasadas o por qué no se ha considerado necesario dar un giro político hacia la derecha populista (una vertiente capaz de ofrecer una pseudo-identidad de unidad nacional), uno encuentra precisamente aquí la respuesta: los españoles, a diferencia de los británicos pro Brexit o de los alemanes votantes de AfD, no tienen ningún déficit identitario y no necesitan descargar sus complejos con la gente de fuera. Los españoles saben quiénes son, están arraigados y se sienten seguros y orgullosos de su cultura y de su familia. Esto ha sido así desde la época de la Reconquista hasta los tiempos de la crisis financiera que todavía azota.

“En España se vive bien”, afirma aquí todo el mundo. Desde el obrero al filósofo. Y todo a pesar de que los datos económicos sugieran lo contrario. Sin embargo, la mejora parece evidente: en el 2016 se produjo un crecimiento del 3% y el desempleo se hundió por debajo del 20%, algo que hace cuatro años se hubiera dado por imposible. No obstante, la mayoría de estos trabajos son eventuales y con condiciones precarias en las que mil euros mensuales pueden ser considerados como un sueldo fabuloso. Que los españoles acepten estas condiciones muestra la otra cara de la vida familiar; la falta de exigencia dentro de ésta, en donde, por ejemplo, se puede vivir en casa de los padres hasta mediados los treinta sin considerarse anormal. La gran mayoría de los empleos se originan en el sector servicios, principalmente en el sector turístico. El 2016 fue un año de récord, algo que no solamente tiene que ver con los problemas que han tenido países concurrentes en este sector como Túnez o Turquía. Los españoles son grandes anfitriones, tal vez los mejores del mundo. Algo que tal vez se basa en que no se dedican a criticar o quejarse del calzado o de las costumbres alimenticias de sus huéspedes como hacen los italianos. Por otro lado, parecen absolutamente convencidos de la calidad de su oferta, factor que parece convertirse en contagioso. Pero ser un buen anfitrión no significa abdicar ante todos los caprichos de sus huéspedes. Los españoles sirven lo que ellos creen que es lo mejor, y el hecho que venga tanta gente parece ser una prueba evidente de que aquí se vive bien. “¿Verdad?”

Los españoles retornados aportan además cosas interesantes que han descubierto en otros lugares: la bicicleta como medio de transporte común o la alimentación vegana. Pero, ¿puede esto competir contra el dulce aroma de las pastelerías madrileñas, la paella los domingos con los primos, los tíos y los abuelos? Y, por supuesto, el sol. “Cuando uno ha crecido con la luz que hay aquí luego es imposible renunciar a ella”, dice Diego Ruiz del Árbol. ¿Sol, playa y paella? ¿Son sólo viejos clichés más fuertes que las tentaciones de la globalización? ¿Es esta nostalgia tal vez una prueba de que se exagera cuando se habla del mantra de la movilidad, de la disolución de las culturas a través de la optimización que se produce gracias a la emigración y a la flexibilidad?

Celia Arroyo asiente: “tal vez, sí”. La psicóloga trabaja con Diego Ruiz del Árbol, Raúl Gil y Sebastien Sanz en el proyecto Volvemos. Vía Skype asesora a emigrantes retornados o a aquellos que están planteándose la vuelta a casa. Ella parece saber qué es lo que oprime a la mayoría de ellos: “Uno necesita también el intercambio con su propia cultura. Se necesita una identidad y un hogar”. Fruto de experiencias migratorias contrarias, han vuelto a surgir términos que parecían tabú debido a su (errónea) asociación con la dictadura de Franco. Celia Arroyo comenta como antaño el uso de la palabra “España” podía llegar a tener para ella una connotación fascista. Ahora, la psicóloga parece sentirse bien haciendo algo por su país: “Traer talento de vuelta”. Por un momento parece dudar, pero luego utiliza la palabra: “Sí, hacer algo patriótico. Esto antes no lo habría dicho jamás”.

No siempre se trata de venerable tolerancia. En ocasiones es la famosa indiferencia española

Este nuevo amor por la “patria” tiene también que ver con que muchos españoles en el extranjero han empezado realmente a apreciar lo que tienen en sus países natales. Sobre todo, tras el auge nacionalista que ha propiciado movimientos como el Brexit, la escalada de Marine Lepen, Geert Wilders, Donald Trump o el AfD, fenómenos que en España no han encontrado cabida. La protesta en España ha ido por otros derroteros y ha sido acaparada por la izquierda. Esto parece ser herencia de la dictadura de Franco. Una vía que los hijos y los nietos de los autores y de las víctimas no quieren que nunca vuelva. Que los españoles sean tan abiertos con la gente de fuera parece venir de su tradición como emigrante. Ni siquiera SOS Racismo en Madrid sostienen que España sea un país xenófobo, un dato esclarecedor teniendo en cuenta que la función de esta organización es detectar racismo.

La activista Fátima Abdallah González es hija de inmigrantes libaneses, y cuyos rasgos físicos, teniendo en cuenta los 800 años de dominio árabe en España, no llama especialmente la atención. “Podemos decir que en el trato con inmigrantes somos más tolerantes que otros países”, dice Fátima. Esto es debido a la herencia mediterránea, la mezcla, las influencias y la convivencia histórica de culturas. “Tenemos tradicionalmente un carácter acogedor, somos más empáticos y flexibles”. Las manifestaciones del pasado fin de semana en Barcelona le dan la razón. 160000 personas salieron a la calle para pedirle al Gobierno en Madrid que cumpliera con lo que en 2015 había prometido y que acogiera a los 16000 refugiados provenientes de otros países de la UE. Bajo el lema “Abran las fronteras”, los participantes sentaban un precedente único en Europa hasta la fecha.

No obstante, hay que decir que esto es nuevo. Ya han pasado más de 500 años desde aquella histórica mezcolanza. La España ultra católica que vino tras época no se caracterizó precisamente por carácter integrador. Algunas veces lo que parece tolerancia parece alinearse más cercano a la indiferencia. Los sudamericanos, que en muchos casos son más flexibles laboralmente hablando que los españoles y que no tienen problemas de comunicación, son mirados frecuentemente con desconfianza. “Sudacas”, se les llama de manera despectiva. El racismo no parece por tanto ser algo tan lejano para el español, algo que nos confirma Fátima Abdallah González.

La emigración y el retornar tiene aquí larga tradición. El viajar enseña y cada uno aporta algo nuevo

La indiferencia de los que se han quedado en el país puede dificultar en cierto modo la reintegración de los retornados. A Diego Ruiz del Árbol le gusta una frase del escritor americano Willy Vlautin: “Lo que tú abandonas, te abandona a ti también”. Tras tantos años de ausencia es imposible retomar las cosas donde uno las dejó. “Esto es un error que muchos cometen porque aquí la vida también ha seguido”. Cuando uno se va, comenta Diego, “vives todo diez veces más intenso. Vuelves con la cabeza como un globo”. Sin embargo, los viejos amigos probablemente preferirán ver el Barça-Madrid a escuchar sus batallitas del extranjero.

Tragicómico: Diego Ruiz del Árbol ha desarrollado en la distancia una marcada faceta alemana: “Soy muy zack-zack (término que define hacer las cosas de manera rápida y precisa)”.

Los cotilleos de sus compañeros durante las eternas pausas para comer le ponen de los nervios. Para los españoles, la siesta es algo sagrado. Otra cosa parece irritar a Diego: “Aquí en Madrid todo el mundo anda con prisa, de aquí para allá pero da la impresion que no saben a dónde van”.  Aquellos que retornan desde Alemania vuelven con maneras de trabajar que podrían ser positivas para el país, aunque ésta sea algo que probablemente no se quiera oír. Los retornados, en el peor de los casos, suelen venir cargados de algo que los españoles odian: ir de enterado. Otra de las frases favoritas de Diego para describirse a sí mismo es la siguiente: “Puedes sacar al chico de Berlín, pero no puedes sacar Berlín del chico”.

Lo que la psicóloga Celia Arroyo dice explicaría mucho acerca de la emigración en sí: el “hábito dividido” del retornado, como lo llamó el filósofo francés Pierre Bourdieu. Celia Arroyo habla de “procesos disociativos” en las personas que entre “lo viejo y lo nuevo” pierden su identidad ya que se les hace imposible juntar ambos. En ese instante aparece un sentimiento de pérdida a pesar de tener una apariencia segura. Se produce por tanto una disonancia mental difícil de combatir.

Celia Arroyo tiene 37 años y, al igual que Diego Ruiz del Árbol, viene, políticamente hablando, de ambientes de izquierdas. La izquierda que en España representa Podemos, partido que promulgaba cambiar por completo la situación y que ahora se encuentra en proceso de auto destrucción. Ambos están decepcionados con el partido al ver como el impulso se ha evaporado. Según Diego Ruiz del Árbol, el discurso de Podemos le ha hecho un flaco favor al emigrante. El slogan era el siguiente: “No nos vamos, nos echan”. Este mensaje no define a los emigrantes como gente con iniciativa que busca experiencias sino que los degrada a víctimas del sistema.

El país parece haberse conformado con el conservador Rajoy. El gallego de barba gris y artes de Merkel parece haber sido el que mejor ha comprendido que España prefiere mantenerse en un equilibrio precario aguantado por una política de reformas. Con esta postura se aguantó incluso casi un año sin gobierno de facto. Finalmente, lo más novedoso es que el país se quedó con lo que ya tenía.

En España, emigrar se considera un éxito sólo cuando el retornado trae algo positivo consigo: dinero, o al menos hijos. El interesante curriculum cargado de experiencia no parece interesarle a muchos. Los emigrantes de los años sesenta permanecieron, seis, siete años en Alemania, Suiza o Francia. Se quedaron el tiempo justo que necesitaron lo necesario para volver y poder abrir un bar o una peluquería. Tradicionalmente, los españoles siempre han retornado, con la excepción de los que se fueron a Argentina. Éstos nunca consiguieron volver, por ello, inventaron el tango, la música más triste del mundo. Una especie de fuga de soledad y nostalgia. La tristeza de saber que algo no va a nunca a volver. El tango más famoso se llama “Volver” y su letra habla sobre la imposibilidad del retorno.

Pedro Almodóvar también tituló una de sus más bellas películas con este nombre y en la que se tematiza el retorno a la patria, la desierta La Mancha, lugar donde los recuerdos que uno daba por olvidados aún le están esperando. En la película, Penélope Cruz canta una canción acerca de unos viajeros cuya “alma se aferra obstinadamente a un dulce recuerdo” pero que el miedo a ese encuentro con el pasado los paraliza de manera incomprensible. Él siente que “la vida es un suspiro y que veinte años no son nada”.

Y mientas la estrella le contempla, fría y burlona, solamente permanece una pequeña ilusión: la esperanza del retorno. Volver.


¿Vives en el extranjero y quieres volver a casa? Date de alta en nuestra base de datos.

Comentarios

Tenéis el link del artículo original?

Es este: http://www.sueddeutsche.de/panorama/spanien-rueckkehrer-viva-espaa-1.3391080?reduced=true

Está abierto unicamente a suscriptores, pero puedes suscribirte 14 días de manera gratuita.

El uso de las generalizaciones ha de conllevar matizaciones. No estoy completamente de acuerdo con el siguiente párrafo:

" Cuando uno se pregunta por qué en España no ha habido ningún levantamiento popular a pesar de las penurias pasadas o por qué no se ha considerado necesario dar un giro político hacia la derecha populista (una vertiente capaz de ofrecer una pseudo-identidad de unidad nacional), uno encuentra precisamente aquí la respuesta: los españoles, a diferencia de los británicos pro Brexit o de los alemanes votantes de AfD, no tienen ningún déficit identitario y no necesitan descargar sus complejos con la gente de fuera. Los españoles saben quiénes son, están arraigados y se sienten seguros y orgullosos de su cultura y de su familia. Esto ha sido así desde la época de la Reconquista hasta los tiempos de la crisis financiera que todavía azota."

No podemos ignorar u omitir que también hay una nada desdeñable cantidad de españoles que piensan, por decirlo de alguna manera suave, diferente. Para ilustrar esto sugiero leer el artículo siguiente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Espana-Trump-horas-ultra-Facebook_6_6...

Por lo demás tanto el artículo como el proyecto me parecen muy interesantes y necesarios.

Un saludo desde BW.

Despues de veinte años viviendo y trabajando en California, no aguanto mas por volver a Sevilla mi tierra. La salud de mis padres me trae en un sin vivir. Hay alguien ahí que hable de ese lastre familiar que tenemos los que nos hemos ido. Dejar a nuestros viejos solos, que se mueran solos sin ver a sus hijos pr los que tanto han luchado en España? Cómo se come esto? La posibilidad de volver y esta maravillosa página nos da la oportunidad de soñar e inspirarnos otra vez. Bravo por la página web y por el artículo. I love it!

Un saludo

Maria Espinar-Connolly. LA, California

¡Fantástico artículo! Hace una semana que he sentido la llamada de la tierra de manera inequívoca e irrevocable. Ha sido una llamada que ha salido de las entrañas y que ahora sé que se ha estado gestando desde hace muchos años. Yo elegí salir para aprender y traerme lo mejor de fuera para mi país. Luego cuando quise volverme vi mi país en crisis y más adelante he ido escuchando historias de mis amistades y familiares en España que lograron que enterrase mi deseo de volver.  Y es de esto de lo que quiero hablar. Imagino que no soy la única en reconocer que fuera he sentido que he tenido una dignidad profesional. Mi vuelta no la puedo imaginar en una empresa o una administración que me explote o que no sea capaz de abrirse a la experiencia que tengo en mi equipaje.

Trabajar como una empleada en una empresa o administración es todavía una opción pero no descartaría lanzarme como autónoma si es por esa vía como consigo aportar el máximo de mí a mi tierra y ser feliz en ella.

Me encantaría saber cómo han tratado las empresas y las administraciones a los españoles que han regresado. ¿Les han respetado o les han explotado? ¿Les han brindado la oportunidad de escuchar y de poner en práctica esas experiencias innovadoras que traían del extranjero?

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