Vivir la emigración en pareja

14 Feb 2022
Volvemos.org
Hablamos de los modelos de pareja en el extranjero y los retos de cada uno

Una de las circunstancias que más afecta a los y las emigrantes en su viaje es la vida en pareja. En todos estos años de trabajo con emigrantes nos hemos encontrado con un sinfín de situaciones diferentes en los que la vida en pareja condiciona la toma de deciones o el timing de las mismas. Queremos dar visibilidad a esta circunstancia, de la que no suele hablarse, pero que condiciona la emigración y el retorno.

Hay personas que emigran junto a su pareja, otras que las conocen durante su estancia en el extranjero. Tener una pareja durante la emigración ayuda a sobrellevar el proceso, sobre todo porque contribuye a combatir el sentimiento de soledad. Sin embargo, también trae consigo problemas. Por un lado los propios de las parejas, como los relacionados con la convivencia, y por otro lado los derivados de la emigración, como tener diferentes opiniones respecto al lugar de residencia o el momento de regresar a casa.

Modelos de pareja en los procesos de emigración

Existen diferentes modelos de pareja que pueden producirse durante una experiencia migratoria, cada uno de ellos con sus propios retos.

Parejas que emigran juntas desde su lugar de origen

En ocasiones la decisión de emprender el viaje migratorio no se hace de forma individual sino que se plantea en pareja. Tanto por iniciativa de uno de los miembros o por decisión de ambos, se trata de dejar atrás todo lo conocido y aventurarse conjuntamente a lo desconocido.

Esto conlleva una gran carga emocional porque ambos viven el proceso migratorio como individuos, pero además deben tener en cuenta el bienestar de su pareja. Es posible que alguno de los dos no consiga integrarse, tenga dificultades para encontrar un empleo o dominar el idioma, o que simplemente no acepte la nueva realidad y desee regresar. En este punto, la otra persona puede sentirse responsable o culpable porque su pareja esté sufriendo.

Puede suceder también que uno de los miembros decida poner fin a la relación, de manera que la idea de desarrollar un proyecto común en un nuevo país se rompa. Esto puede hacer que ambos se sientan de repente desubicados y que experimenten un sentimiento de no pertenencia al lugar de acogida, sumado al duelo propio de la ruptura.

Parejas que mantienen su relación a distancia

Cuando un miembro de la pareja toma la decisión de emigrar puede no ser un buen momento para el otro. Esto puede darse por muchos motivos: que una persona esté trabajando/estudiando y la otra no, momentos vitales diferentes, que una de las partes tenga familia o conocidos fuerta, etc. Sea cual sea la razón, al emigrar uno y el otro quedarse, se ven obligados a mantener la relación a distancia.

Si tener pareja es complicado de por sí, mantener una relación a distancia lo es mucho más, pudiendo desencadenar momentos de crisis o incluso provocar la ruptura. Esta es una de las situaciones más difíciles por las que puede transitar una pareja y es común que aparezcan sentimientos de frustración, miedo o desconfianza. Además, el hecho de no poder ver o sentir al otro cuando se quiere o se necesita puede generar impotencia.

La comunicación, tan necesaria para el buen funcionamiento de la relación, se limita en ocasiones a mensajes a deshora, llamadas telefónicas o videollamadas en que se pierde una parte del lenguaje no verbal (gestos o miradas) tan importante para conectar con el otro.

Todo esto, para la persona que ha emigrado, se tiene que gestionar al tiempo que se adapta al lugar de acogida.

Parejas del mismo país formadas en el extranjero

Al vivir en otro país con una cultura e idioma diferentes, por nuestro propio carácter, en general abierto y sociable, y por los sentimientos de vacío y soledad que a veces se experimentan en el extranjero, es habitual que como emigrantes tratemos de conectar con personas de nuestra misma cultura para sentirnos más comprendidos, arropados y, en definitiva, "como en casa".

Esto aplica también a las parejas, lo que provoca que se creen parejas del mismo país formadas en el extranjero. El reto de estas parejas está en encontrar en el otro características que les unan más allá del vínculo que tienen por su condición de emigrantes. Aquí, como hemos mencionado antes, pueden producirse momentos clave relacionados con la decisión de retornar o el lugar al que hacerlo. Puede ser que uno de los miembros quiera regresar y el otro no, o al menos no en ese momento. También puede suceder que cada uno proceda de un lugar diferente y que no haya consenso en el lugar de España al que regresar.

Parejas de diferentes países formadas en el extranjero

Este tipo de relaciones traen consigo un enriquecimiento personal por descubrir una nueva cultura y nuevas formas de entender la vida. No obstante, la creación de una pareja de diferentes países conlleva la separación emocional de las familias de procedencia y el desarrollo de una unión basada en la intimidad compartida.

En el caso de que la pareja proceda de diferentes países, las diferencias culturales, los valores y, siempre que se produzcan, las limitaciones lingüísticas pueden interferir en la relación dificultando el buen funcionamiento de la pareja. Al comienzo de la relación puede que sean estas diversidades lo que generen curiosidad por seguir conociendo al otro, pero con el paso del tiempo y con la formalización y consolidación de la pareja, hay que buscar un equilibrio para que ambos se sientan a gusto, aunando estilos de vida y formas de asomarse al futuro que permitan el desarrollo de un proyecto común y duradero en el tiempo.

Si la pareja procede del país en el que se reside, esta vive el arraigo a su cultura, mientras que la persona que ha emigrado carece de ello, lo que puede provocar un desajuste dentro de la pareja. Si ambos miembros de la pareja proceden de un país diferente al que residen, se deben tener en cuenta otras circunstancias como el grado de adaptación al entorno o el deseo de regresar al país de origen. 

En definitiva, todas las modalidades de relación que se viven en la emigración tienen sus propios problemas y requieren de un esfuerzo mayor por ambas partes para superar las dificultades y retos que tienen por delante.

El riesgo de tener una relación tóxica a causa de la emigración

Estos modelos de relación que hemos descrito son cada vez más frecuente por nuestro estilo de vida, más nómada que el de generaciones anteriores. Son modelos donde muchas personas encuentran la felicidad y las relaciones funcionan, pero tienen dificultades como las que hemos señalado que es aconsejable conocer y enfrentar. 

Más allá de estos u otros modelos, lo que hemos detectado es que muchos y muchas emigrantes se hacen preguntas como ¿por qué estoy en una relación así si nunca antes me había pasado? ¿Por qué me veo atrapada/o en algo que no me gusta y soy incapaz de salir?

El sentimiento de soledad en los y las emigrantes es uno de los más frecuentes. Suele encerrar emociones negativas como angustia, tristeza o vacío interior. El malestar que estas emociones generan hace que muchas personas se refugien en el apoyo social, lo que lleva en ocasiones a empezar relaciones que son perjudiciales por el nivel de toxicidad que se da en ellas.

Al estar en un momento de fragilidad y vulnerabilidad personal, nos resulta más fácil vincularnos a otra persona para combatir esa soledad o ese vacío que sentimos, sin darnos cuenta de que la persona que nos acompaña solo cubre dicha necesidad de una forma superficial.

A la larga, la sintomatología que puede aparecer es falta de autoestima, sensación de coerción de la libertad, miedo a que el otro se enfade, aislamiento social, etcétera.

Algunas de las situaciones o disyuntivas que pueden surgir en este tipo de parejas y que acaban derivando en discusiones y enfrentamientos, terminando incluso a veces con la ruptura del vínculo son:

  • Cuando un miembro de la pareja quiere volver a su país de origen pero el otro no está dispuesto a retornar.
  • En el caso de parejas que emigran de forma conjunta, cuando uno fue el que tomó la decisión y el otro accedió. Pueden aparecer sentimientos de culpabilidad en el primero si el otro no se adapta en el nuevo país a nivel laboral y/o social.
  • Ambos acceden retornar al país de origen pero uno no se adapta o, por ejemplo, no quiere aprender el idioma, algo que limitaría su estancia en este lugar pudiendo desencadenar enfado o rabia en el otro.

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